La Negación VS la Aceptación. / José L. Orengo, psicólogo
En su último libro, la Buena Crisis de Alex Rovira, se nos plantea una auténtica reflexión para transformar la crisis desde el análisis y la acción correctora. En estos días que me he destrozado la rodilla, jugando al fútbol y que como diría alguno de mis amigos “ya has tocado fondo con esto del fútbol”, es posible que tenga que aceptar, y en ello estoy, que mi rodilla, incluso si la operan, ya no está para jugar al fútbol. Tendré que aceptarlo.
He trabajado y trabajo compartiendo procesos de duelo, pérdidas, adicciones y situaciones traumáticas que desembocan en crisis personales que observo desde el otro lado de la mesa, aunque a veces me ponga en la silla de al lado. Casi todas tienen un denominador común, aunque las circunstancias sean diferentes, la Negación hace que las personas se queden estancadas en su problema y que progresivamente lo vayan alimentando y haciendo más grande, más dramático y más difícil de superar. Pasar a la Aceptación del mismo, es abrir la puerta a la Solución, de la que tanto hablamos y donde es absolutamente necesaria una acción que implique creatividad, autodisciplina, honestidad con uno mismo y humildad.
Estos días, como ya he dicho, tengo que girar hacia la aceptación de un problema, pero no de mi rodilla, sino de mi forma de pensar. Este camino, yo ya lo he hecho en varias ocasiones y siempre he salido victorioso, cuando me he rendido, he aceptado y he empezado a luchar desde otro punto de vista. Me voy transformando desde la aceptación.
En la actualidad, la crisis está abriendo este debate en muchas personas, de la crisis del tener /ser, la crisis de la conciencia. Hablamos de crisis cuando ya había crisis, y no lo digo por lo tarde que se le puso el nombre, ni por los problemas económicos de las personas, las empresas y el país. Hablamos de un paradigma anticuado y dañino marcado por el consumo y el placer espontáneo y rápido. La satisfacción rápida de poseer más y más que nos obliga a pensar en el miedo de perder, de no llegar o de simplemente, no conocer lo que llevamos dentro. Necesidad de ocio, bolsillos agujereados y plástico para pagar, la tecnología se ha puesto delante del pensamiento y del esfuerzo, se está comiendo la sociedad y con ella a uno mismo y no tengo nada en contra de la tecnología. Hace poco escuchaba a un adicto compartir, que tras un periodo de recuperación, su droga favorita se llamaba “MÁS”. Veo a diario, situaciones de vida insostenibles, que se ven alargadas por la tecnología, no sé muy bien para qué (¿se quedó detrás de la misma el pensamiento, el amor y la “muerte natural por envejecimiento”?). La sociedad no cuida a sus mayores, pero les alarga la vida por miedo a la muerte. No es coherente. Las sociedades que no cuidan a sus niños ni a sus mayores están enfermas, están cegadas por otros valores de carácter superficial.
Aceptar es ver lo que tenemos, utilizar el agradecimiento y ser pro-activo con la acción. Los valores de productividad (entendida como “reproducir” sin parar), eficacia, rapidez, dinero, lujo etc, mantienen la negación del problema y nos hacen viajar a lomos de la ansiedad continua. Los valores de respeto, sabiduría, agradecimiento y responsabilidad nos ayudan a aceptar y a ponernos en la solución.
El problema está en el paradigma del “tener para ser”, en el cambio de pensamiento y la solución está en romper la negación, las gafas negras de LA ENVIDIA Y EL MIEDO.
Negar es mantener el dolor y no hacerle caso, es parapetarse en el problema, es someterse a una situación insostenible. En cambio, aceptar es transformarse abriendo las puertas para que entre el aire, la ayuda, la solución y el crecimiento. Para buscar la cordura y la armonía tenemos que empezar por la aceptación para que de ella salga la verdadera transformación.
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LAS CONSECUENCIAS. Alicia F. Barra. Terapeuta.
Hace tiempo que de vez en cuando me refiero a este tema junto con el de la negación de la realidad. Van juntos porque uno va seguido del otro y si lo hago de vez en cuando, repetitivamente, es porque siempre está de actualidad y vale la pena repetirse. Cada acción o decisión tiene consecuencias. Si la acción es producto de una reflexión sobre la realidad que percibimos, sea la que sea, sin auto-engaño, tiene unas consecuencias asumibles, porque se ha reflexionado sobre las posibilidades de obtener un cierto resultado, incluso se ha reflexionado sobre los factores de riesgo para la no-obtención de ese mismo resultado: el pro y el contra que diríamos sencillamente. Y hemos escogido las consecuencias más deseables, aun sabiendo que podemos no conseguir los resultados que perseguimos: eso de “el hombre propone y Dios dispone” que todos conocemos.
Cuando, desde el autoengaño, por conveniencia o por soberbia, percibimos únicamente lo que nos interesa y actuamos y tomamos decisiones en base a esa realidad selectiva, las consecuencias nos llegan cargadas de una realidad que entonces tenemos que percibir con intolerancia y con rechazo, ya que es la misma que hemos evitado percibir inicialmente, o sea, la que no nos interesa.
Y no nos interesa lo que nos incomoda, lo que percibimos como una amenaza para nuestro ego, lo que no queremos ver porque nos haría cambiar de marcha y nos obligaría a hacer algo diferente, o algo costoso para nuestra comodidad, nuestro bolsillo o nuestra imagen. O sea, que Inicialmente la ignoramos, hacemos como que esa realidad molesta y arbitraria no existe, una dos, tres veces y las que haga falta. Pero es inevitable que continúe apareciendo porque las realidades tienen vida propia y existen al margen de nuestros egos, comodidad, bolsillo o imagen. Por ello, y para continuar negándola, sacamos toda la artillería de la que somos capaces, que es mucha. Nos dedicamos a acabar con ella y, sobre todo, con aquellos que insisten en que dejemos de bizquear y nos hagamos cargo de lo que está realmente sucediendo a nuestro alrededor. Cuanto más se haya negado una cierta realidad, más resistencia se ha creado para asumirla y más se trata de evitar lo que finalmente es inevitable, y ese proceso tiene un precio. Neurosis… paranoia… un desorden de la personalidad en toda regla.
Esa resistencia tiene otro coste altísimo, todos conocemos la frustración y la desconfianza que nos producen esas personas obcecadas en mantener una postura que claramente percibimos como insostenible. ¡Cómo pierden credibilidad cuando insisten machaconamente, contra viento y marea, que las circunstancias son tales o cuales, a pesar de los hechos que demuestran lo contrario! ¡Y cómo rechazan hacerse cargo de las inevitables consecuencias!
He leído últimamente un artículo titulado “las imbecilidades y sus consecuencias”, un artículo sabroso y original sobre las actuales peripecias de ciertos políticos que, frente a hechos demostrables, conversaciones grabadas, contabilidades amañadas y cómplices encausados, insisten en ofrecernos una realidad, una suerte, que sólo algunos pueden compartir, cosas de la política y la dependencia, que no de la coherencia. ¿Les acompañarán también en el reparto de las consecuencias?