Es la ciudad conocida como la capital del pecado, del juego, del espectáculo, de ferias y congresos y de bodas y divorcios express al más puro estilo hollywoodiense. Las Vegas, no duerme ni de día ni de noche. Toda ella es un escaparate de neones, enorme y opulento. Las Vegas siguen creciendo y elevando el estándar del lujo y la diversión. Es, en definitiva, una ciudad con suerte.
Como nuestra entradilla, muchos son los títulos que se le han dado a esta ciudad a lo largo del poco más de un siglo que lleva de existencia. En Las Vegas cohabitan un millón y medio de habitantes desde que hace veinte años, experimentara un asombroso crecimiento, debido a la suerte y al deseo de ganar dinero. En Las Vegas todo funciona de forma similar a la ruleta, o a los dados rodando sobre el mantel ante la atenta mirada del crupier.
El juego es la principal razón de la existencia de este enclave situado en el estado de Nevada, que, según su oficina de turismo, cada año recibe más de 38 millones de visitantes y recauda una media de 35.000 millones de euros.
Las Vegas no es una ciudad convencional, sino una de las más aisladas de los Estados Unidos. Situada en medio del desierto de Mojave, a 300 kilómetros de Los Ángeles, 400 kilómetros de Phoenix (Arizona) y 800 kilómetros de San Francisco, esta ciudad ofrece una surrealista vista desde el cielo, dos pequeños núcleos de rascacielos y dos inconcebibles figuras, la pirámide y la esfinge del hotel Luxor. De hecho, es difícil imaginarse un paraíso hecho por la mano del hombre, surgiendo de este insólito paraje.
Esta población de más de un millón y medio de habitantes, se halla a 800 metros de altitud sobre el valle del mismo nombre, una franja larga y llana formada, al principio de la última glaciación, por continuos avances y retrocesos de los glaciares. El valle adquirió su árido estado actual hace 12 mil años, cuando fue invadido por el desierto del Mojave. Sin embargo, debajo de su reseco suelo corre un sistema acuífero alimentado por el agua de lluvia y el deshielo de las montañas de los alrededores, que periódicamente salen a la superficie para crear este oasis que hace miles de años habitaron las primeras tribus de indios Anasazi. Un oasis al que fueron a parar los primeros exploradores, en su ruta hacia California, allá por el año 1829. A estos siguieron los primeros emigrantes, colonos, buscadores de oro y misioneros mormones. Pasaron cien años y muchas vicisitudes hasta que este lánguido poblado del desierto encontró la prosperidad gracias a la legislación del juego, la prostitución, la obligada residencia en ella para poder conseguir un rápido divorcio y la exención de impuestos. Los años cuarenta vieron el principio de la cultura resort, aunque la Segunda Guerra Mundial retrasó su comienzo. En 1941, con los grandes hoteles resort llegó el mundo del entretenimiento. El propósito era simplemente atraer visitantes para que aprobaran la emoción de las máquinas tragaperras y las mesas de blackjack. A medida que aumentaban los hoteles en el Strip, se incrementaba la opulencia de los casinos y el glamour en las salas de fiestas. El lema era simple: “Visite Las Vegas y conozca la mayor y mejor colección de cantantes, actores, bailarines y músicos del mundo”. Hoy, Las Vegas alberga 17 de los 20 hoteles más grandes del mundo y aunque su eslogan es “el casino es el rey”, lo cierto es que no todo en la ciudad es juego. De hecho, uno puede pasárselo en grande sin necesidad de gastarse ni un céntimo en las salas de juego.
En Las Vegas se concentran más estrellas del show business y se producen más espectáculos por metro cuadrado que en cualquier otra ciudad del mundo.
La oferta cultural es variada. El Cirque du Soleil ofrece diversas actuaciones en la ciudad en la que reside permanentemente. También es posible disfrutar con excelentes grupos como Stone Temple Pilots, LeAnn Rimes, B.B. King y Al Di Meola, entre otros. A lo largo de los cinco kilómetros del Strip, la calle más luminosa del mundo, abundan clubes nocturnos, teatros, restaurantes de cinco tenedores y tiendas de las marcas más prestigiosas.
En Las Vegas podemos saborear la famosa comida criolla de Nueva Orleans. O si preferimos algo oriental, mejor en el Red Rock Resort Casino, donde se encuentra uno de los mejores restaurantes japoneses al oeste del Missippi, Hachi, con una interesante e impresionante interpretación de la cocina japonesa.
Los amantes del arte pueden disfrutar de la excelente colección de la galería del Hotel Bellagio; los entusiastas del golf, encontrarán una docena de clubes con 18 agujeros y los amantes de la naturaleza podrán explorar parajes naturales como el Gran Cañón del Colorado y el Red Rock Canyon National Conservation Area.
Tras una noche de excesos y descubrimientos, podemos recuperar energía en alguno de los más hedonistas spas de la ciudad. Una ciudad que puede alcanzar los 45 grados y agradece la existencia de los más de 40 hoteles-spa.
Y como dicen quienes aman Las Vegas, ¡así es baby!